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H2O PARA LLEVAR

EXPOSICIÓN | JULIETA BARRIOS 
MUSEO DE LA ESTAMPA
(MAYO - AGOSTO 2026)

En la experiencia estética íntima y personal, la naturaleza nos habla y la entendemos. Comporta un sentido, para nosotros. Ciertamente, no se trata de un discurso, pero nos habla: su decir es un mostrar y un transformarse llamativo, ante tanta degradación sobrevenida y acumulada. Nos habla de esto, pues, y nos habla también de nosotros mismos.

 

Román de la Calle

El paisaje es, por naturaleza, transitorio y susceptible a transformaciones constantes. Aquello que hoy observamos es el resultado de múltiples procesos de cambio —graduales o abruptos— derivados tanto de la evolución y adaptación de los organismos vivos a lo largo del tiempo geológico como de la intervención de diversos agentes que inciden en la modificación —y en el deterioro— del entorno natural. Desde sus respectivos posicionamientos epistemológicos y en sus cruces disciplinarios, las artes y las ciencias naturales han contribuido de manera significativa a la documentación, descripción y estudio de la evolución —natural y artificial— del paisaje, así como a la historia de los ecosistemas.

 

En continuidad con las tradiciones de representación naturalista y simbólica del paisaje —herederas de corrientes como la Ilustración, el Naturalismo, el Positivismo y el Romanticismo—, así como con sus aportaciones a la ilustración científica, la vigencia de este género en la práctica artística contemporánea ha asumido un renovado compromiso ético y estético frente a las crisis medioambientales y sus repercusiones, tanto locales como globales. No resulta casual, entonces, encontrar en este ámbito múltiples derivas estéticas orientadas a reflexionar sobre la crisis ecológica y civilizatoria del Antropoceno y sus efectos en el entorno natural. En estas líneas de exploración pueden identificarse algunos de los principios que orientan la producción de Julieta Barrios (Toluca, 1985), así como los referentes que configuran el repertorio visual aquí presente.

 

Con una formación centrada principalmente en la estampa y el grabado, Julieta Barrios incorpora en su proceso artístico una sólida vocación experimental que le permite desplegar un amplio abanico de técnicas gráficas —como el monotipo, el huecograbado, el grabado en relieve, la colagrafía, el chiné collé y la litografía—, al tiempo que expande sus recursos hacia otros territorios disicplinarios, como la escultura cerámica, la instalación, el dibujo y la pintura.

 

El repertorio visual que presenta la artista —radicada desde hace casi una década en Cancún, Quintana Roo— tiene su origen en una práctica contemplativa, vivencial y experimental vinculada a los entornos naturales que habita o recorre, particularmente en los paisajes tropicales de la península de Yucatán. Más allá de una representación meramente naturalista, su proceso parte del escrutinio y registro del paisaje y de las especies vegetales que lo integran. En este sentido, este repertorio trae a nuestra mirada una diversidad de fragmentos botánicos —hojas, flores y cortezas— seleccionados a partir del hallazgo fortuito o intencional, cuyas morfologías orgánicas se materializan en la obra o bien se evocan a través de su huella impresa, directa o indirectamente, sobre soportes de algodón.

 

Si atendemos al vasto imaginario legado por las ciencias naturales y la ilustración científica, la denominación de las especies en florilegios, herbarios, farmacopeas, tratados y otros registros botánicos ilustrados trasciende lo meramente técnico o descriptivo. Nombrar implica conferir identidad. Este gesto supone decidir qué rasgos se privilegian, qué diferencias se reconocen y bajo qué sistema de orden se vuelve inteligible la naturaleza. Así, la denominación establece un puente entre lenguaje e imagen, entre ciencia y representación. Lejos de ser neutral, este puente constituye un terreno conceptual fértil en la obra de Julieta Barrios, quien articula una sintaxis visual basada en la relación entre identidades morfológicas, nomenclaturas biológicas y contextos geográficos. Se trata, en este caso, de una operación formal y nominal, a la vez que epistemológica, ética y simbólica, orientada a construir un registro contemporáneo de las identidades ecológicas del paisaje, siempre expuestas a su conservación, transformación o desaparición.

 

El conjunto de improntas que conforma esta exposición remite también a una dimensión paleobotánica, vinculada a un riguroso proceso de investigación artística y a una fenomenología del arte gráfico. En un sentido metafórico, estas obras pueden entenderse como un repertorio de fósiles o vestigios sedimentarios que evocan la memoria, el paso del tiempo y la naturaleza efímera e inestable del paisaje. ¿No es, acaso, la estampa una forma de huella fosilizada, el rastro de un gesto o proceso previamente inscrito en la matriz?

 

Así como los fósiles documentan la historia de la vida en la Tierra, las variaciones del clima y las interacciones entre organismos, la materialización gráfica de la naturaleza en las improntas de Julieta Barrios interpela al espectador y lo convoca a reflexionar sobre los rastros que nuestra propia presencia dejará como legado en el futuro del planeta.

 

                                         Santiago Pérez Garci

OBRAS

Para adquisiciones de la obra puedes mandarnos un correo o solicitar información directamente en el Museo. 

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